A los 17 años, Omar Echeverría Espinoza estuvo a punto de perderlo todo en un accidente automovilístico que le cambió la vida. La lesión medular que sufrió aquel día marcó un antes y un después. Pero su historia no fue una historia de derrota.
En lugar de doblegarse, se reinventó. Cambió la frustración por disciplina, el dolor por enfoque. Y en el silbido de una flecha encontró una nueva forma de vivir y clasificó a Tokio 2020. Su participación no fue solo una hazaña personal, sino una bandera para miles de personas con discapacidad: sí se puede.
