En Tulum, el deporte se encuentra en fuera de lugar. El presidente municipal, Diego Castañón, parece confundir el impulso deportivo con jugar partidos amistosos de futbol junto a otros alcaldes, mientras las verdaderas necesidades de la comunidad quedan en la banca.
Su apuesta por colocar al frente de la Dirección de Deportes al ex portero del América, Moisés Muñoz, tampoco ha dado resultados. Muñoz desconoce las demandas reales de atletas y entrenadores locales, y su gestión, más propia de “medio tiempo”, se ve interrumpida por constantes viajes a la Ciudad de México, donde realmente radica.
Lejos de “atajar” las críticas ciudadanas, la dupla Castañón-Muñoz ha permitido que la infraestructura siga estancada, sin una estrategia clara para diversificar disciplinas, fomentar talentos emergentes o mejorar espacios públicos. El resultado es un deporte tulumnense que sobrevive más por iniciativa de sus atletas que por el respaldo institucional.
Mientras municipios como Benito Juárez, Playa del Carmen, Isla Mujeres y Puerto Morelos avanzan con programas sólidos y apoyos reales, Tulum sigue rezagado, desperdiciando su potencial. El gol que Castañón intentó anotar fichando a una figura mediática terminó siendo un autogol que ni el mejor portero podría detener.
En la cancha del deporte tulumnense, los aficionados ya lo saben: sin proyecto, sin visión y sin compromiso, el marcador seguirá en contra.
