En Cancún, durante la Copa Mundial de Socca “Cancún 2025”, no solo se disputó una final entre México y Polonia. También se jugó —y se perdió rotundamente— otro partido: el de la libertad de expresión. Una derrota que no pertenece a una selección nacional, sino a los organizadores, quienes una vez más demostraron una preocupante incapacidad para relacionarse con los medios de comunicación.
Lo ocurrido en el “Malecón Tajamar” no fue un simple desliz logístico, sino una muestra clara de desdén hacia el trabajo periodístico. Tres minutos. Ese fue el tiempo que fotógrafos y camarógrafos tuvieron permitido para estar en el terreno de juego durante la final. Tres minutos para retratar la emoción, el ambiente, la entrega de los equipos y la esencia misma de un evento que presume ser “de talla mundial”. ¿Cómo pretenden construir una imagen global si impiden que quienes narran la historia puedan contarla?
No es nuevo: ya en la Copa América de Socca 2024 los medios padecieron la ausencia total de un área de prensa digna, sin un lugar para realizar crónicas, analizar el partido o emitir un trabajo profesional. Lo que entonces pareció una mala organización se confirma hoy como un patrón reiterado, prepotente y profundamente irrespetuoso hacia la prensa escrita, la radio, la televisión y los medios digitales.
El colmo vino cuando, ante la inconformidad de reporteros, uno de los responsables de la organización soltó una frase que retrata de cuerpo entero la filosofía de este certamen:
“Aquí se hace lo que nosotros queremos, no lo que tú quieras.”
Pocas veces una oración describe tan bien el autoritarismo deportivo.
La Socca presume ser un espectáculo internacional, pero actúa como una kermés mal administrada. Para los organizadores, los medios no son aliados estratégicos, ni portavoces del deporte, ni profesionales esenciales para difundir y documentar. Son estorbos. Obstáculos. Gente “incómoda” a la que hay que limitar, vigilar y callar.
¿Y dónde están las autoridades que otorgan permisos, apoyos, espacios y recursos? ¿Quién supervisa la relación institucional con la prensa? ¿Quién garantiza que un evento que usa infraestructura pública tenga estándares mínimos de trato profesional?
El silencio oficial también se convierte en complicidad.
Si Cancún será sede de eventos internacionales, merece organizadores que estén a la altura: respetuosos, capacitados, con visión y, sobre todo, con comprensión del papel fundamental del periodismo en la construcción del prestigio deportivo. Un Mundial sin prensa no es Mundial; es un espectáculo a puerta cerrada, un capricho de unos cuantos, un show que se contradice a sí mismo.
La libertad de expresión no se negocia, no se limita a tres minutos ni se somete a caprichos.
Lo que ocurrió en la Copa Mundial de Socca “Cancún 2025” no puede normalizarse.
Porque cuando un evento deportivo se vuelve un espacio donde se reprime el trabajo de la prensa, deja de ser deporte y empieza a parecerse peligrosamente a otra cosa.
